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Las cascadas de Nant y Fall (arroyo de los Saltos), a sólo 14 kilómetros de la localidad chubutense de Trevelin, ofrecen un espectáculo natural deslumbrante y son el inicio de un itinerario que continúa con el ecléctico Museo del Molino Nant Fach.

En la zona también podremos encontrar los ahumaderos de truchas, ciervos y jabalíes; las bodegas más australes del país; y la adrenalina de los rápidos de Futaleufú, en Chile.

Para llegar a esta Reserva provincial, declarada como tal en 1994, se debe tomar la Ruta Nacional 259 y en el kilómetro 14 desviar por unos 3 kilómetros de ripio, aptos para el ciclismo, hasta topar con la puerta de ingreso donde se debe pagar un ticket de 15 pesos para residentes y 30 pesos para turistas del resto del país.

El visitante asciende por un camino serpenteante rodeado de vegetación -donde predominan ñires y cipreses- hasta toparse con las cascadas formadas por el arroyo Nant y Fall que nace en el lago Rosario y desemboca en el río Corintos, en su recorrido hacia el lado chileno.

"El área protegida, con el cañadón incluido, ocupa unas 47 hectáreas de superficie. Las épocas de mayor visita son entre enero y mediados de marzo, cuando arriban unas 300 personas por día", explicó a Télam el guardafauna, Pablo Mardones, quien tiene su cabaña junto a la entrada al predio.

En la zona también podremos encontrar los ahumaderos de truchas, ciervos y jabalíes; las bodegas más australes del país; y la adrenalina de los rápidos de Futaleufú, en Chile

El primer salto apenas ingresado al área es "La Petisa", de unos 6 metros y medio de altura y con un mirador apto para 8 personas, mientras que el segundo salto, "Las Mellizas", cae en par desde los 8 metros de altura.

Antes de ingresar al mirador de "Las Mellizas" se puede disfrutar de la tranquilidad del paisaje y el rumor del agua en el denominado "Punto del Silencio", un espacio abierto apto para meditar sentado en alguno de sus bancos de madera.
El último y más espectacular salto es "La Larga", que cae de 65 metros de altura, frente al cual se abre un cañadón que ofrece una majestuosa vista.

Una vez visitada la Cascada, el caminante puede seguir la ruta 259 -siempre hacia el oeste- hasta toparse con un ecléctico Museo bautizado como "Molino Nant Fach", que significa Casa del Arroyo, donde lo singular no es sólo el lugar sino también su simpático anfitrión, Mervyn Evans.

Este descendiente de galeses, como tantos otros lugareños, construyó un viejo molino de agua como los que habían levantado los pioneros y que tan buen resultado económico dieron hasta que un decreto de los años 30 quitó los subsidios al trigo para aquellos que estaban debajo del paralelo 42.

"Me gusta construir" dice, a modo de bienvenida, y no se trata de una salutación coloquial cuando se observa la maravilla arquitectónica que levantó con trastos traídos de infinidad de lugares.

Ahora sigue planificando y construyendo, como un inmenso galpón de 600 metros cuadrados donde levantará una réplica de un viejo poblado con su herrería, su almacén de ramos generales y mucho más.

"La idea es hacer un escenario de cómo era esto y que hasta se puedan hacer películas del lugar", cuenta mientras recorre junto a los visitantes un espacio donde es posible encontrar trilladoras de principios de siglo, 4 autos Ford T y un Ford A, tractores, carros tirados por caballos y todas las herramientas inimaginables.

Por su parte, el molino es a su vez el museo donde objetos de valor histórico se alinean a uno y otro lado de los dos ambientes en que se divide; un primero donde está el motor que hace funcionar la estructura y en cuyas paredes cuelgan fotos y documentos; y un segundo donde se encuentran objetos de época.

El museo-molino es propiedad de la familia Evans, de vieja tradición por el canto coral y la música, como lo demuestra el antiguo armonio que todavía resuena en manos del ecléctico Mervyn.

El impresionante molino Nant Fach cuenta con un canal de agua hecho en madera; una rueda hidráulica de carga superior de 4 metros y 800 kilos que funciona con 8.5 caballos de fuerza; una compuerta de descarga de agua; un canal de descarga; un eje principal de madera y hierro a 16 revoluciones por minuto; una tolva de trigo y una noria elevadora de harina, entre otras maravillas técnicas.

Una vez deleitados con las historias de Mervyn y su maravilloso mundo que recrea aquellos viejos molinos que hicieron famosa la comarca, al punto que sus productos ganaron infinidad de premios internacionales, los turistas siguen su derrotero por la ruta 259.

En el camino los esperan un criadero de truchas; un ahumadero de truchas, jabalíes y ciervos con degustación y más adelante los viñedos más autrales del país.

Todo este recorrido puede hacerse en pocas horas por lo que, para los más aventureros, es recomendable llegar hasta Chile, cruzar la frontera y unos 7 kilómetros más adelante, en la localidad trasandina de Futaleufú, prerarase para un baño de adrenalina practicando ráfting -grado 5- por las bravas aguas del río de mismo nombre.

Fuente: Telam